La importancia de los acordes de tercera y séptima

En los números anteriores tratamos algunos temas básicos para la comprensión de los mecanismos de lo que hemos llamado “improvisación armónica”, estos temas han sido: construcción de acordes, las funciones tonales, la progresión II – V – I, las extensiones o tensiones y las escalas acorde. Vimos cómo se construyen los acordes y cuáles son los más usados, cuáles son las familias en las que se agrupan, según el grado de reposo y tensión que armónicamente representan, el uso práctico que tiene en la improvisación la progresión II – V – I, lo que son las extensiones y cómo funcionan las estructuras llamadas escala acorde.

Como vimos, la improvisación se da no sólo a nivel rítmico y melódico, sino también armónico, por medio de la elección de las escalas acorde, esto nos permite elegir si queremos usar, en cierto punto de la progresión, la novena mayor, menor o aumentada y de la misma forma elegir las quintas y las otras extensiones, esto es, la oncena y la trecena.
Ahora bien, ¿qué ocurre si alguien está improvisando, en la guitarra, sax, trompeta, etc., y en cierto dominante usa la novena bemol, y el que está haciendo acordes en la base rítmica, ya sea pianista o guitarrista, etc., usa un acorde de dominante con la novena mayor? Se producirá una falta de concordancia que dará un resultado negativo ¿se lo pueden imaginar? En un grupo de jazz todos improvisan todo el tiempo, pero hay un músico que está en turno, tocando su solo, este músico es el que, por decirlo de alguna forma, lleva el balón. Haciendo un paralelo torpe pero útil, podríamos decir que el equipo se tiene que mover en relación con quien lleva el balón. Imaginen el ejemplo de la novena que pusimos antes, como si a un jugador se le antojara quitarle el balón al compañero que lo lleva, pues es algo parecido. Resumiendo diremos que el solista en turno es a quien le toca hacer la elección de las características de los acordes, elige las extensiones y el grupo en general tiene que apoyarlo y complementarlo, no estorbarlo. Por todo lo anterior, los acordes que le convienen al pianista o al guitarrista que esté en la base rítmica, son los que contengan las notas básicas del acorde, estas son, la tónica, la tercera y la séptima, dejando a elección del solista las cualidades de las demás notas.
Digamos que el uso de los acordes de tercera y séptima facilita la concordancia armónica, pues proporciona las bases correctas para que el solista elija y coloque las extensiones que darán el color armónico final.
Los acordes de tercera y séptima los podemos unir como estructuras, en los siguientes grupos:

1, 3 y 7 = Maj7
1, 3 y b7 = 7
1, b3 y b7 = m7
1, b3 y 7 = mMaj7

El número solo significa el grado en su estado justo o mayor y con “b” es bemol.

El uso de estos acordes básicos nos permite prácticamente cubrir todos los acordes contenidos en la armonía del jazz, por ejemplo, si tenemos el acorde “m7b5” la estructura que le corresponde es “1, b3 y b7 así, si el solista decide cambiar la escala acorde por una que contenga la quinta justa, no generaremos ningún choque y esto lo extendemos a todos los demás casos, si encontramos un acorde “Maj13” la estructura que le corresponderá es “1, 3 y 7”, de esta manera podemos interpretar un “chart”, cuyo cifrado incluya las extensiones. Muchas veces estos papeles son trascripciones literales de los temas, es decir, el que hizo la trascripción puso los acordes que están en el tema de la versión que usó para transcribir, pero no trascribió lo que armónicamente ocurrió durante los solos, por esta razón yo prefiero usar los “charts” que no incluyen las extensiones, como es el caso del clásico REAL BOOK que, aunque tenga errores, permite que cada músico interprete las extensiones.
Aclaro que en el acompañamiento del jazz, el uso de los acordes de tercera y séptima no son lo único que se puede emplear, si tú como pianista o guitarrista conoces el estilo armónico del solista o lo comprendes, puedes usar acordes más complejos, lo cual no es necesario pero sí posible, por ejemplo: si el solista usa una novena aumentada en cierto dominante, tú podrías tocar la novena bemol, o si en un acorde “Maj7” toca la oncena, tú podrías tocar la novena o la trecena, pero, como ya mencioné, esto no es necesario, de hecho el trabajo de la base rítmica, en la que se incluye el instrumento que toca acordes, es la de dar apoyo y complemento al solista en turno. Personalmente, me gusta mucho tocar en formato de trío: guitarra, contrabajo y batería, pues los acordes se dan por la interacción de las notas del bajo y de la guitarra sin que alguien toque literalmente acordes pero, como mencioné, esto es una preferencia personal.

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Emmanuel Mora 2025